When the «click» happens

A veces  aplicamos tanto esfuerzo en una carrera que esperamos que cuando finalice, cuando acabe el resultado y el éxito estén al final de ese camino, que con todo el interés que ponemos en lo que hacemos los demás seguirán y entenderán lo que hacemos.

Bien, no tiene porque ser así, nada ni nadie dice que las cosas tengan que llegar cuando nosotros esperamos que lo hagan sobretodo las felicitaciones, nuevos proyectos, nuevas rutas.

Muchas veces, la recompensa, éxito y felicitaciones nos atrapan por sorpresa, pero no se trata de suerte, ya he hablado de ese factor y no existe.Es tan simple como que la manera en la que hacemos las cosas, han dado su resultado.

Hay que saber recibir y disfrutar de las felicitaciones, celebrar los éxitos profesionales y personales, los proyectos que finalmente llegan a realizarse porque nada de eso ha sido gratuito.

El «click» no es otra cosa que el encaje de las piezas (cuando encontramos la sencilla respuesta que teníamos delante), cuando entiendes y aceptas la situación, cuando ves el camino erróneo tomado, el momento en el que no esperabas ánimo y recibes un flujo de positivismo y energía.

Es una ocasión excepcional si sucede ese click, puesto que  el resultado de todo el esfuerzo constante se materializa y más si nos coge por sorpresa, porque el momento que teníamos planeado ya pasó.

Y si nos sienta tan bien y somos capaces de gestionarlo, ¿porqué no hacer lo mismo nosotros? Felicita cuando observes un trabajo bien hecho,…Y probablemente, quien reciba la enhorabuena no lo espere, ya que sus expectativas estaban en otro punto temporal.

Comparte tus éxitos y los de quienes están a tu alrededor, las buenas vibraciones llaman a buenas vibraciones!.

Why grey is not suitable for everyday interactions

Confusión es el resultado de muchas reuniones, grupos de trabajo, presentaciones, límites en las funciones…. En la comunicación, no se trata únicamente de qué emitimos (o lo que pensamos que transmitimos) sino de cómo lo interpreta el receptor. Si a esta dinámica le añadimos el uso de palabras cuyo significado es ambiguo, amplio, las posibilidades de que no sepamos, no entendamos, aumentan.

Las palabras que propician la indefinición generan y/o están en una zona de grises, donde a merced de cada uno queda la interpretación de las mismas. Palabras en la zona gris: procurar, intentar, animar, dinamizar…

Los conceptos con los que trabajamos, que utilizamos en nuestra interacción con otras áreas: ventas, ratios, presupuestos.. éstos deben estar lo más alejados del gris. Acompañar los datos que se presentan, solicitan,… de una definición nos facilitará esta tarea.

En un equipo, el reparto de funciones debe tener los menos grises posibles si lo que queremos es un trabajo colaborativo y complementario.

Las órdenes o acciones a realizar deben transmitirse con un mensaje lo más corto posible, claro, con un responsable asignado y una fecha de cumplimiento. Sin grises, sin espacio para la duda.

Cuantas más palabras alejadas de la zona gris utilicemos menos confusión veremos en nuestros interlocutores y mayor precisión en la ejecución de lo que pidamos.

Un mensaje claro: qué espero, qué necesito, para cuándo, qué resultados, … evita muchas desviaciones en el camino puesto que permite que cada uno sepa qué se espera de él, qué debemos conseguir y medir el esfuerzo a aplicar en consecuencia.

Es cierto que cuando abandonamos el gris corremos el riesgo de generar alguna resistencia o confrontación en el momento, pero tiene solución. Cuando dejamos el espacio para múltiples interpretaciones el resultado puede estar en el lado opuesto de lo que pretendíamos.

Procura alejar las palabras que generan confusión, evita respuestas como: entendí, creía, pensé. Mantengamos un mensaje claro, simple, directo. Aun así, cada uno aportará sus propios grises.

 

Are you truly listening?

Decía que quien se atreve a preguntar, no debe temer la respuesta. ¿Cuántas veces no ocurre que quien pregunta, lo hace como trámite (mera costumbre o para juzgar) sin querer escuchar una respuesta?

Quien pregunta únicamente para reafirmar una opinión no acostumbra a acoger de buen grado una respuesta no esperada, deja de escuchar y se pone a la defensiva. Por más que se intente desarrollar una explicación lo único que escucha son ataques y/o justificaciones.

Quien cuestiona, va ya con prejuicios y con la única intención de justificar un ataque o validar la opinión pre-formada antes de formular ninguna consulta. Las preguntas que se hacen se lanzan desde un conocimiento previo de la situación que es falso, ficticio. No pretende escuchar y ante la respuesta o explicación que le den seguramente lance afirmaciones como no es así, no lo comparto, ….

Quien no conoce, o conoce poco una actividad  pregunta, escucha y recorre el proceso junto a su interlocutor. Se sitúa en la misma posición del otro y es capaz de lanzar nuevas preguntas o propuestas que hagan replantear (quizás) el porqué de la situación actual o cómo se puede mejorar.

Y hay, quien tiene conocimiento y se ha formado una opinión, pero pregunta sin juzgar, aceptando la validez y conocimiento de los demás. Escucha de verdad y por ello es capaz de elaborar las preguntas que le permitan revisitar el razonamiento que siguió (y quizás corregirlo), entender el porqué, redirigir las preguntas para que el interlocutor sea quien se plantee si es posible otro camino mejor.

Hay muchos tipos de preguntas y muchas formas de preguntar. La manera y el motivo permitirán que las respuestas sean más o menos constructivas.  No hay una verdad absoluta y de nuevo, quien pregunta (The risk of asking) se arriesga a una respuesta y, sobretodo, tiene el deber de escuchar de verdad.

The risk of asking

Hay muchos tipos de preguntas que hacemos a diario: retóricas, de cortesía, para reafirmar algún pensamiento / teoría, para resolver dudas, para obtener una opinión, un punto de vista… Y cuando preguntamos nos arriesgamos: a que la respuesta sea justo lo contrario de lo que esperábamos oír, esa verdad que no queríamos escuchar, ese resultado que no es ideal…

Pero cuando queremos y/o necesitamos saber, el único camino válido es preguntar. Intuir, suponer, adivinar, bueno, no ayudan si lo que necesitamos es aportar luz ante un dilema o una duda.

Cómo formulemos/acompañemos/escenifiquemos la pregunta, permitirá al interlocutor acotar dónde se requiere su conocimiento, visión personal, …

  • Cuánto más abiertas son las preguntas, más abierta es la posibilidad de respuesta y más lejana será la solución de lo que pretendíamos cuando la formulamos. Y para algunos interlocutores este grado de «dispersión» es mortal (consideremos como juega el factor cultural).
  • Si la acompañamos de frases como: «dime realmente lo que piensas, lo que te parece» dejamos totalmente a merced de la sinceridad del interlocutor. Y, en estos casos, ante la virtud de preguntar está el riesgo de responder. Es decir, cuando se pide opinión, uno se arriesga a que la respuesta sea diametralmente opuesta a lo esperado (¿qué opinas de mí? ¿Qué te parece la presentación? ¿Cambiarías algo de este documento?).
  • Peticiones solitarias y tan genéricas como: ¿Puedes darme las cifras del mes pasado? ¿Tus ratios de control? ¿El contacto del Señor…? El riesgo aquí, es obtener como respuesta un PARA QUÉ lo quieres, haber creado recelo innecesario y bloquear (en casos límite) futuras interacciones.

Este caso de las peticiones/preguntas solitarias merece un punto de atención. Para ellas y como en las historias tradicionales, siempre es bueno contar con una Introducción, un Nudo y un Desenlace. Esto, reduce el riesgo de respuestas que NO gustan.

Introducción: Presentarnos si con quien hablamos no nos conoce, o si nos conoce pero desconoce en qué estamos trabajando en este momento… Para qué pregunto, para qué pido, cuál es el motivo de mi pregunta. Siempre lo más claramente explicativo posible.

Nudo: Qué es exactamente lo que necesito: explicación de un tema, petición de un dato, definición de un concepto…

Desenlace: Resumir la explicación (asegurar que se entendió si era una pregunta de explicación), contextualizar el uso final del dato ( es difundible? y cumplirlo, sirvió para calcular este dato final,…), explicar qué próximos pasos se darán (si pedimos opinión sobre una presentación, sobre una situación concreta…).

Cuando contamos el porqué preguntamos (y porqué pedimos) y mostramos el resultado o dónde ha sido utilizado, nos es mucho más fácil interactuar en un futuro (ya sea porque la comunicación puede ser más fluida o porque a quién preguntamos nunca le interesó responder).

The value of speaking up (part II)

The importance of being consistent & coherent

Escribía que decir lo que uno piensa es necesario pero no puede ir en solitario.Este derecho, para que sea válido, para que nuestras palabras sean legítimas, debe ir de la mano de la coherencia y la consecuencia.

La definición más simple de la coherencia es la de actuar con la mayor proximidad posible entre lo que se dice y lo que se hace, eso sería ser consecuente con lo que se piensa (ser fiel a tus principios e ideas). Y es necesario contar con respeto por uno mismo y por los otros,  y por sobre todo, aún convencido, aceptar que uno se puede equivocar.

¿Cómo influyen en nosotros estos dos conceptos?

Para nosotros mismos: Vivir, actuar de manera distinta a los principios e ideas que nos rigen es agotador, nos conduce a la infelicidad.

En nuestra relación con los demás:

  • Las palabras de quien dice A pero sus actos son Z pierden total credibilidad. Suelta aire, no verdades.
  • Quien dice A y sus actos son A o a, adquiere la confianza de quien le rodea.Tener estas características implica responsabilizarse por lo que pueda ocurrir a partir de una decisión que se tome.

Los principios con los que hemos crecido, las ideas que tenemos … determinan cómo nos comportamos e influyen en la facilidad de decir, y en ocasiones tener que callar, lo que realmente pensamos.

The value of speaking up

The importance of timing and wording

No son muchas las ocasiones en que escuchamos a alguien (incluyéndonos a nosotros mismos) decir lo que piensa. Nuestra vida es interacción, comunicación continua con los demás. Cuando callamos, cuando dejamos pasar la oportunidad de decir lo que pensamos, lo que sentimos, estamos perdiendo la oportunidad de comunicarnos.

Hablar claro no es decir lo primero que se nos pasa por la cabeza:

  • Todos tenemos una opinión: sobre una acción, una iniciativa, una decisión, …Cuando ofrecemos una opinión argumentada que diverge de la de los demás estamos abriendo posibilidades que quizás no se habían considerado. ¿Cuántas veces en reuniones no se pregunta, no se aportan ideas ?
  • Lo que necesitamos (Apoyo, formación, …), importa. Cuando lo transmitimos de la manera más clara que nos sea posible, damos la oportunidad a nuestro interlocutor de ayudarnos.
  • Todos hemos oído comentarios que no nos gustan, que nos parecen «invasivos». Cuando decimos, expresamos lo que sentimos, cómo nos afecta, reducimos ese «sentimiento invasivo».

Si queremos que las cosa cambien, evolucionen,  habrá que empezar por hablar, por decir qué pensamos.

Pero tan importante es el QUÉ como el CUÁNDO y DE QUÉ MANERA. Timing & Wording tienen un impacto enorme en el resultado.

El momento que elegimos, depende de nuestro propio tempo, de la experiencia, de quien está en ese momento alrededor. En una reunión no es necesario hablar porque sí, para que se note nuestra presencia. Opina cuando se aporta, en el momento adecuado. Dejar pasar demasiado tiempo es peor que no haber hablado, fuera de contexto.

Las palabras que utilizamos (que se ven impactadas directamente por el timing), son igualmente importantes. No utilizamos las mismas palabras calmados, que enfadados, que cuando las hemos reflexionado… Ni tampoco quien nos escucha utiliza el mismo lenguaje.

Hace falta coraje para decir lo que uno piensa y, como todo, requiere práctica (en las formas).Pero el cambio que uno puede observar merece la pena.

No basta con decir lo que se piensa, debe ir acompañado de algo más. Pero esto ya, es otro post.