The risk of asking

Hay muchos tipos de preguntas que hacemos a diario: retóricas, de cortesía, para reafirmar algún pensamiento / teoría, para resolver dudas, para obtener una opinión, un punto de vista… Y cuando preguntamos nos arriesgamos: a que la respuesta sea justo lo contrario de lo que esperábamos oír, esa verdad que no queríamos escuchar, ese resultado que no es ideal…

Pero cuando queremos y/o necesitamos saber, el único camino válido es preguntar. Intuir, suponer, adivinar, bueno, no ayudan si lo que necesitamos es aportar luz ante un dilema o una duda.

Cómo formulemos/acompañemos/escenifiquemos la pregunta, permitirá al interlocutor acotar dónde se requiere su conocimiento, visión personal, …

  • Cuánto más abiertas son las preguntas, más abierta es la posibilidad de respuesta y más lejana será la solución de lo que pretendíamos cuando la formulamos. Y para algunos interlocutores este grado de “dispersión” es mortal (consideremos como juega el factor cultural).
  • Si la acompañamos de frases como: “dime realmente lo que piensas, lo que te parece” dejamos totalmente a merced de la sinceridad del interlocutor. Y, en estos casos, ante la virtud de preguntar está el riesgo de responder. Es decir, cuando se pide opinión, uno se arriesga a que la respuesta sea diametralmente opuesta a lo esperado (¿qué opinas de mí? ¿Qué te parece la presentación? ¿Cambiarías algo de este documento?).
  • Peticiones solitarias y tan genéricas como: ¿Puedes darme las cifras del mes pasado? ¿Tus ratios de control? ¿El contacto del Señor…? El riesgo aquí, es obtener como respuesta un PARA QUÉ lo quieres, haber creado recelo innecesario y bloquear (en casos límite) futuras interacciones.

Este caso de las peticiones/preguntas solitarias merece un punto de atención. Para ellas y como en las historias tradicionales, siempre es bueno contar con una Introducción, un Nudo y un Desenlace. Esto, reduce el riesgo de respuestas que NO gustan.

Introducción: Presentarnos si con quien hablamos no nos conoce, o si nos conoce pero desconoce en qué estamos trabajando en este momento… Para qué pregunto, para qué pido, cuál es el motivo de mi pregunta. Siempre lo más claramente explicativo posible.

Nudo: Qué es exactamente lo que necesito: explicación de un tema, petición de un dato, definición de un concepto…

Desenlace: Resumir la explicación (asegurar que se entendió si era una pregunta de explicación), contextualizar el uso final del dato ( es difundible? y cumplirlo, sirvió para calcular este dato final,…), explicar qué próximos pasos se darán (si pedimos opinión sobre una presentación, sobre una situación concreta…).

Cuando contamos el porqué preguntamos (y porqué pedimos) y mostramos el resultado o dónde ha sido utilizado, nos es mucho más fácil interactuar en un futuro (ya sea porque la comunicación puede ser más fluida o porque a quién preguntamos nunca le interesó responder).

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