Do you know where your limits are?

Dicen que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Y que no hay más limite que el que nos imponemos. Veamos.

La capacidad intelectual, capacidad de relación, capacidad de estudio, perserverancia, creatividad, visión global y de oportunidades… todas ellas son variables o habilidades que cada uno tiene en distinta medida.

¿Qué puede convertirse en potenciador o limitante?

  • El nivel de autoconocimiento, que es nuestro motor. Saber qué capacidades naturales y/o puntos fuertes tenemos.
  • Creencia en nosotros mismos (y derivado del punto anterior). Cuando creemos en nuestras capacidades, somos capaces de aprovecharlas para avanzar hasta donde queramos.
  • La curiosidad
  • Las creencias que hayamos dejado arraigar con el paso del tiempo
  • Nuestra reacción ante la negativa, rechazo o fracaso
  • Cómo aceptamos que nuestro entorno marque las pautas a seguir o cómo creemos que debemos crear el mundo
  • El enfoque que queramos dar a nuestra vida
  • La inversión en nosotros mismos

Nuestro límite personal es proporcional a la actitud que tomemos ante cada una de estas posibilidades.

Avanzamos a medida que aprovechamos al máximo nuestros puntos fuertes y el límite estará tan lejos como lo permitamos.

Como siempre, los ritmos de evolución no son iguales, porque limitantes y potenciadores han dejado su propia huella en cada uno de nosotros. Tampoco lo son los límites, cada uno marca el suyo.

The «luck factor»

Muchos «admiran» el factor suerte de otros. A continuación os propongo un sencillo cuestionario a través del cual podréis conocer cuál es vuestro nivel de suerte. Las preguntas están divididas en dos grupos y su respuesta es un sencillo SI/NO.

¿Preparados?

Grupo A:

1.) ¿Estás vivo?

2.) ¿Tu día consta de 24 horas?

Grupo B:

1.) ¿Tienes una meta fijada?

2.) En caso de haber respondido afirmativamente a la pregunta 1. ¿Tienes elaborado un plan para lograrla?

3.) ¿Tienes inquietud por aprender?

4.) ¿Ayudas a otras personas?

5.) ¿Te has construido una red de contactos?

6.) ¿Crees que aunque tu trabajo está bien considerado puedes dar más?

7.) ¿Asumes riesgos?

8.) ¿Buscas oportunidades?

9.) ¿Trabajas en objetivos comunes?

10.) ¿Pasas tiempo con tus seres queridos?

11.) ¿Tienes un “rincón” donde recargar pilas?

12.) ¿Dedicas algo de tiempo al deporte?

Calcula tus Resultados:

Si has respondido «SI» a más de una pregunta del grupo A, ¡¡¡enhorabuena!!! ya estás en la mitad de la tabla.

Suma por cada respuesta afirmativa del Grupo B un punto: te dejará más cerca de TU nivel de suerte. Por cada respuesta negativa…. suma una oportunidad. La suerte se construye. Si las circunstancias no te gustan tienes siempre la posibilidad de cambiarlas.

Cada decisión o no decisión que tomamos nos hace más “afortunados” o menos. Del mismo modo mientras recorremos ese camino, nos hace más o menos felices. Todo depende de cuales sean tus metas y dónde esté tu equilibrio.

Lack of decision-making

Ante la incertidumbre, la posibilidad de desaparición del status quo, cada uno la afronta de distinto modo: miedo y respeto. Y la situación de partida es exactamente la misma: Desconocimiento de lo que puede suceder.

El miedo paraliza, y nos hace cada vez más pequeños, nos encierra más.

Quien habla desde el miedo, intenta siempre que las cosas no cambien o lo hagan lo menos posible, oculta información, espera solo buscar falso consenso, pensará que quien está a su lado, busca también únicamente el beneficio propio. En las reuniones en las que habita el miedo se evita tomar decisiones y se promueve el diluir responsabilidades, esto provoca que se discuta el mismo tema una y otra vez.

Cuando lo que tenemos es respeto (inquietud ante la incertidumbre pero seguridad en uno mismo), buscamos la información que sea más útil, pedimos ayuda y contamos con otras personas que pueden aportar. En reuniones donde predomina el respeto, se comparte la realidad, se confía en el conocimiento de quien participa y se toma una decisión consensuada. Cada uno se hace RESPONSABLE de la parte que le corresponda en la decisión. Se decide, avanza, evalúa y corrige (si es necesario).

No hace falta decir, que esto se refleja tanto en nuestra vida personal como profesional. En el ámbito profesional es donde vemos más habitualmente la necesidad de tomar decisiones en común.

¿Cuántas veces habrás escuchado: «otra reunión en la que se habla de lo mismo y no se decide nada»? o «Había 30 personas en la reunión (repetidas veces este comentario se junta con el anterior) y solo han hablado 3». Esto sucede por varios motivos:

  • No se ha indicado el objetivo de la reunión y se improvisa
  • Se tiene objetivo, temas, pero nadie se la ha preparado
  • El que nos ocupa: Hay objetivo, decisiones que tomar pero nadie quiere ser el primero en decidir y ser identificado como EL responsable (a veces parece que futuro posible culpable)

Cuando se nos invita a una reunión debe ser porque podamos sumar, aportar.Cuando asumimos un cargo debemos asumir las responsabilidades que el mismo conlleva, entre ellas, la toma de decisiones (con la incertidumbre que exista).

La próxima vez que asistas a una reunión «repetitiva», aporta tu granito de arena. Responsabilízate dentro de tu propio ámbito de actuación, intenta lograr un avance.