The right to be wrong

Para conseguir cosas distintas, nuevas, hay que pensar diferente. Dos propuestas pueden encajar bien aquí, aportar nuevos perfiles o aire fresco al equipo y/o crear un ecosistema que sea propicio para el desarrollo de nuevas propuestas.

La incorporación de nuevos perfiles puede crear ciertas fricciones, ya que nuevas ideas sin haber creado un entorno adecuado pueden ser acogidas con rechazo o resistencia por parte del resto de integrantes.

Cuando hablamos de la creación de un ecosistema, nos referimos a diversas posibilidades como trasladar a todo el equipo a un lugar donde se permita la máxima concentración, abandono del día a día y reflexión sobre el futuro, creación de un equipo específico con dedicación exclusiva para la generación de nuevas iniciativas, habilitar un espacio para el lanzamiento de ideas, …

Pero todas las anteriores tienen como base el respeto hacia la opinión de los demás y tienen en común el requisito de crear un espacio donde exista el derecho (se exija) el derecho a equivocarse. A nadie le gusta cometer errores y da lo mejor de su persona en un entorno donde se le permite la libre expresión, sin juzgar. Solo se evoluciona cuando se hacen las cosas de manera distinta, aprendiendo a lo largo del camino de lo que no ha funcionado y hemos visto que debe hacerse de otra manera.

Generar un entorno de confianza (en la escala que nos sea posible), permitirá desarrollar las mejores ideas, quizás algunas suenen descabelladas, pero ¿quién sabe? . Merece la pena por la dinámica que se inicia, el entusiasmo que se contagia.

Cuando vemos empresas, equipos, altamente innovadores, motores del cambio, entusiasmados por “iniciar nuevas aventuras” es porque detrás existe una cultura: el derecho a equivocarse. Eso no implica que haya menor exigencia a un trabajo bien hecho, seguramente el propio equipo se exija más.

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