Reliance as an asset: a long journey

Uno de los activos más importantes de los que disponemos, es la confianza. En este caso, la que generamos tanto como personas, empleados o como empresa. Y, como no, está directamente relacionada con el ser consecuentes. Es una carta de presentación que se demuestra con el tiempo transformándose en valor. Construirla es lento, perderla puede ser rápido.

Como colaborador:

  • Se gana cuando cumplimos con lo que acordado o nos hemos comprometido (en plazos, en tareas, …)
  • Para algunos, una muestra de persona “confiable” (en quien podemos confiar) es la presentación realista, que no negativa, sobre la posibilidad de realización de un proyecto o tarea.
  • Se construye de manera lenta, se dice–> se demuestra
  • A medida que se gana, genera unas expectativas cada vez mayores

Como manager:

  • Tenemos un equipo de colaboradores y conocemos quien es más “confiable”para la ejecución de un proyecto y a quién tenemos que echarle un ojo de vez en cuando
  • La confianza que tengamos en nuestros colaboradores seremos capaces de trasladarla a nuestros superiores
  • Debemos ser capaces de generar lo mismo hacia nuestros equipos, ser referentes
  • El punto de partida ES la confianza, lo que digamos y hagamos mantendrá o restará el valor inicial

Como Compañía:

  • El cliente buscará o le dará más importancia según el tipo de producto o servicio que esté buscando:
    • Consumo inmediato, relación de corto plazo, probablemente requiera un grado bajo de confianza
    • Consumo a largo plazo, alta inversión, relación hacia un “partnership” requiere un elevado grado de confianza
  • Las compañías venden servicios, productos… y habitualmente los acompañan de unos valores o comportamientos. Todos los colaboradores de la compañía deben tener internalizados los mismos valores que proyectamos. Ellos son el contacto con nuestro cliente, hablan, representan a la empresa

Los trabajadores confiables son una inversión a largo plazo y se ganan la confianza de compañeros y jefes con el tiempo.

Los jefes disponen de una cuota de confianza, de la que se van descontando “incumplimientos o desviaciones” (entre dichos y hechos).

Las empresas la venden y la pierden tan rápido como incumplen la primera promesa que hicieron.

Recuperar lo perdido no es nada fácil y cuesta 3 veces más que la primera vez que lo generamos. Sé lo más realista posible, cree lo que prometes y cumple lo que dices.

 

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