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Cuando un documento sale de nuestras manos, puede recorrer infinitos caminos.

Pero centrándonos en los DATOS que estos contienen, es importantisimo conocer, recordar cuál es el origen de lo que estamos presentando, quién nos lo dió, en qué fecha, cómo lo hemos calculado…

No sabemos cuando se puede preguntar por él, cuando necesitaremos deshacer el camino que hicimos para llegar al dato desde la fuente.

El rastro de migas nos permite recorrer ese camino ya que la primera miga somos nosotros, los que lo hemos liberado. Y cobra mayor importancia cuando existe más de una fuente.

Coger el hábito de ir soltando miguitas: recoger quién es el dueño, qué significa, fecha de generación, donde guardamos (si podemos) el origen, ayuda mucho en entornos de generación de grandes volumenes información, por áreas distintas y evita o por lo menos reduce la locura de intentar comparar datos.

 

Hoy, por cierto, me habría venido bien un rastro de migas para llegar a casa. Bendita niebla!

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